Natalia y Tomás se miran frente a frente. Los dos se sonríen. Se quedan mirando en silencio. Finalmente él dice:
--perdón, fue mi culpa. No me fijé por donde iba ¿están bien?
Natalia no dice nada, está muda de la fascinación. Natalia nunca se había sentido así, no se quiere separar de ese chico que tanto la ha gustado. Es Ingrid la que dice:
--hija, vamos a llegar tarde, vamos.
--si claro, abuela.
Tomás no deja de sonreír. Natalia e Ingrid caminan lentamente y Tomás se queda mirándola y ella lo mira de reojo. Los dos están encantados de seguir viéndose. A Tomás le suena el celular.
--¿aló?
--¿¡dónde te has metido, hijo?¿desapareciste?
–¿qué pasó? viejo.
--¿dónde estás?
--estoy en la puerta.
--pues no te muevas, que ahora bajamos, yo tengo que ir a la funeraria y quiero que lleves a Emilio a casa.
--¿¡cómo?¡¡ tú sabes que...
Alfredo no lo deja seguir:
--ahora no me importa lo que pasara, quiero que no te le despegues, que seas su sombra ¿¡¡me entiendes¡¡?
Tomás respeta a su padre mucho y aunque no esté de acuerdo siempre hace lo que él le diga.
--esta bien pero no tardes.
--de acuerdo, ahora bajamos. Te lo llevas a nuestra casa y lo tratas como si fuera tu sombra.
--si, viejo --dice con cara de fastidio.
--ya sé que es molesto pero te juro que es lo mejor ya me entenderás.
Tomás se queda quieto, su enfado se le olvida ya que Natalia aún sigue a su alcance.
--¿quién será? Si no fuera porque se asustaría cómo me gustaría pedirle su teléfono pero es tan angelical y no debe tener más de 15 años.Seguro que no está acostumbrada a que un hombre la aborde. Se ve que no es de la ciudad.
Tomás mira mirando a esa chica:
--es tan linda, cómo me gustaría tratarla pero quien sabe, tal vez no la vuelvo a ver.
Ingrid se para. Siente un mareo.
--ayúdame a sentarme.
Tomás corre hacia ellas. Toma del otro brazo a Ingrid.
--ya las ayudo.
--muchas gracias. --dice Ingrid-- es usted un caballero como de los que ya no hay.
Natalia y Tomás se miran muy sonriente.
--Natalia, hija. ¿qué hora es?
Tomás mira a Natalia:
--así que te llamas Natalia. --dice él muy dulce.
--¿necesita usted algo, señora?--Tomás.
No mirando a los ojos al atractivo chico porque no se atreve, Natalia dice:
--mi abuela lleva tiempo con estos mareos por eso vinimos desde el interior para que le hicieran unas pruebas, tenemos que ir a la parte de atrás.
Natalia dice eso para dejar claro su posición económica. No quiere mezclarse con esa gente tan importante. Tomás está encantado y eso no le importa. Es muy cariñoso con Ingrid.
--es que a este paso no van a llegar nunca, si les parece yo voy a avisar, no sé que la vengan a buscar en una camilla o una silla.
Natalia mira a ese hombre sorprendida:
--¿usted va a ser eso por mi abuela?
Tomás le sonríe con ternura, esa sonrisa la seduce:
--pero no me llames de usted, llámame Tomás.
Natalia agacha la vista ruborizada.
--bueno, no se muevan de aquí. Yo las vengo a buscar enseguida.
Tomás se va muy sonriente. Le guiña el ojo a Natalia antes de desaparecer hacia la parte vieja del hospital. Está muy excitado. Se siente muy contento por esa oportunidad que le ha dado la vida de poder hacer algo por esa muchacha que tanto le gusta. Natalia se lo queda mirando y es evidente lo mucho que le gusta.
--la vista al frente, niña --dice Ingrid a pesar de su debilidad.
Natalia no le hace caso, sigue mirando llena de deseo esperando el momento en el que él vuelva a aparecer.
--ese no es un hombre para ti, hija.
Natalia se pone nerviosa, mira a su abuela como si hubiera dicho una tontería:
--¿pero qué dices?¡¡pero si lo acabo de conocer¡
--él se ve que es un chico de dinero y por más amable y servicial pero no debes olvidar que es hombre y rico y su mayor diversión es engañar a chicas pobres y decentes para pasar un rato en la cama.
--yo no creo que él sea así.
Ingrid se molesta al ver que a su nieta le está gustando más de la cuenta ese desconocido.
--no me gusta nada esa mirada tuya.
Y es que aunque Natalia quiere hacer como si no hubiera pasado nada su mirada encendida no deja dudas de que ese hombre la ha dejado muy impactada. Angustiada, Ingrid dice:
--Cuidado con lo que te dice tu corazón que ese siempre engaña, no nos salgas como tu mamá y yo que nos dejaron con la barriga llena bien jovencitas.
--no abuela, tú sabes que yo jamás me entregaré a un hombre que no sea mi esposo.
--más te vale que sea así y no lo digo por mi, lo digo por tu bien. Es muy duro sentir que el hombre al que te has entregado te desprecia, que no le interesas. Creeme que yo sé de que te hablo.
Ingrid habla con una amargura muy grande.
--sí pero almenos tú no eludiste tu responsabilidad, no hiciste como mi madre que me abandonó. Tú nunca abandonarías a tu hijo.
Ingrid no puede evitar sentirse muy culpable.
–si tú supieras…–piensa con culpa.
Tomás llega en ese momento con una silla de ruedas. Está muy ansioso de volver a ver a Natalia:
--perdón, pero no pude conseguir nada más.
--bueno pero nos va a venir muy bien.--Natalia.
Tomás ayuda a Ingrid a sentarse en la silla.
--venga que yo llevo la silla para que Natalia no se canse --dice Tomás.
Natalia lo mira muy sonriente. Están muy cerca de la puerta.
En ese momento sale Alfredo con Emilio al que tiene abrazado del cuello. A Constitución no se la ve pero está enganchada del hombre tratando de seguirle el paso. Tomás está agachando arreglando los pies de Ingrid. Alfredo ve a Natalia y la mira muy coqueto. Le ha gustado esa muchacha. Sonríe seductor. Ingrid lo mira y recuerda a ese chico joven y desnudo haciéndole el amor a ella con apenas 15 años. Hacía años que no lo veía. Se pone muy nerviosa. Al ver la sonrisa de él, Ingrid se revolucionada toda:
--me reconoció, claro que sí, ningún hombre olvida a la chica que de sus brazos pasó de niña a mujer. --piensa emocionada.
En realidad no imagina que Alfredo ni pendiente, todas las hormonas del seductor Alfredo están en alerta ante la presencia de Natalia. Se da cuenta que el chico que está con ellas es su hijo. Sonríe de oreja a oreja y se acerca a ellos. Tomás mira a Natalia pendiente de la reacción de ella, se da cuenta que a su padre le ha interesado, una vez más, la misma muchacha que a él. Ingrid se pone nerviosa:
--¡¡viene a verme viene a verme¡¡¿qué me va a decir?¿qué hago?¡¡y yo con lo pálida que debo estar. Parezco una vieja¡ --piensa.
Alfredo ya está frente a las dos. Ignora a Ingrid y señalando a Natalia dice:
--¿no me presentas a tu amiga, hijo?
Al moverse el hombre, Ingrid ve a su hija:
–!hija¡¡
–!mamá¡¡
Constitución se pone nerviosa. No le dice nada a Natalia. Es ella la que dice:
--hola, madre.
Tomás y Alfredo se sorprenden.
--no sabía que tenías una hija.--Alfredo a su cuñada.
--si soy Natalia Mendez. --dice Natalia mirando a Constitución desafiante.
Constitución mira a su hija dolida, se da cuenta que ha dicho su nombre entero para humillarla para que se sepa que es madre soltera:
--no sé porque no me sorprende --dice Alfredo burlón-- ¿y mi hermano lo sabe?
--sí, claro que lo sabe, mi madre y mi hija están pasando unos días en mi casa –recalca Constitución.
--¡¡que coincidencia¡¡ --dice Tomás.
Él y Natalia se sonríen. Alfredo se acerca a Natalia le da un beso en la mejilla muy efusivo y dice:
--¡¡así que somos familia¡¡que alegría¡¡dale un abrazo a tu tío¡¡
Alfredo la abraza y Tomás no puede evitar los celos, está seguro que como siempre la chica preferirá a su padre. Natalia siente asco de ese viejo que es tan invasivo con ella y no sabe cómo sacárselo de encima.














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