jueves, 23 de julio de 2026

Capitulo 9



Alfredo sale de su cuarto desnudo y con su traje en la mano. Toma uno que está en la mesa.

--¿¡este es el que han traído para el rarito?¡

Tomás está sentado en una butaca, ya vestido. Se sorprende al ver su padre desnudo.

–!¿que haces así!¡¡¿después de lo que te contado?¡

--y es que si vieras como está el maricón ese, con tal que le eche un buen polvo ahora mismo me firmaría lo que yo quiera y me lo da todo. Hasta su vida.

--No sigas con esto, es inmoral, no te puedes acostar con él.

Alfredo lo agarra con fuerza y se lo lleva a la terraza para asegurarse que Emilio no los oye. El hombre no piensa permitir que su hijo le eche a perder sus planes. Tomás está muy decepcionado de su padre.

–!claro que sí puedo,  el pobre me lo está pidiendo a gritos!

Alfredo habla con burla. A Tomás le da pena. 

–!pobre chico, en su vida  ha mojado y ya ser virgen lo está volviendo loco pero no está bien que te aproveches de él!

--el que se va a aprovechar de este cuerpazo que le vuelve loco es él,  yo le daré lo que quiere y yo obtendré lo que yo quiero. 

--¡¡pero le vas a hacer un gran daño a ese muchacho¡¡

--¡¡no te pases, que se lo haré pasar muy bien y a él no le importa el dinero¡¡tampoco lo voy a dejar en la calle. Seré justo, lo mantendré tal y como su padre hizo con nosotros ¡¡estoy seguro que él prefiere perderlo todo a seguir siendo virgen¡¡

--¡pues si estás tan seguro pues habla con él, quedáis con la mitad cada uno¡

--¡¡no yo lo quiero todo y pobre de ti que arruines mis planes¡

--tú mismo, te debería dar vergüenza, te vas a acostar con un hombre, si tus amiguitas supieran.

Alfredo habla seductor. Le guiña el ojo:

--no lo creerían. Yo soy un macho y no le temo a las habladurías y ahora ya fuera las charlas que mi  amorcito ya me debe estar esperando como loco, no puede estar sin mi, lo tengo en el limbo. Come de mi mano.

Tomás mira a su padre con reproche. Burlón el guapo sesentón le dice:

--yo tengo que hacer una llamada y os dejaré solos, a ver que le haces... no me lo quites.

Alfredo va hacia el dormitorio riendo. Tomás no puede evitar sentirse culpable y angustiado:

--todo es mi culpa, debí haberme callado¡¡nos habríamos ahorrado mucho sufrimiento y lo que nos falta¡¡

Tomás da un golpe a la pared porque no sabe cómo parar lo que él ha comenzado.





Emilio por su lado anda desnudo en la habitación, está ebrio felicidad, de deseo, de placer y no hace más que pensar en Alfredo y aunque  hubieran hablado a gritos a su lado no se hubiera enterado de nada, se acaricia el labio:

--me besó, me besó. Mi sueño se está cumpliendo.

Alfredo entra y Emilio no lo oye. Sonríe ya que todo eso le conviene mucho a su plan. Le pone la mano en los hombros y le dice:

--Cariño...

Emilio se sobresalta.

--perdón, no te quería asustar. Mi amor.

Alfredo se muestra siempre muy seductor y habla dulcemente y Emilio está como flotando en el aire, se siente en en un sueño, no se puede creer que le esté pasando eso.

Alfredo deja la ropa en la cama, pega su cuerpo al de él. Emilio se estremece:

--¿en quién pensabas? espero que en mi.

Emilio hace que sí con la cabeza.

--eso seguro que se lo dices a todos.

Emilio lo mira y con timidez dice:

--nunca me había sentido así con un hombre.

--ojalá fuera verdad. No sabes como me duele pensar que preferirías estar con mi hijo, que si mi hijo te dijera algo tú me dejarías por él.

Emilio lo abraza con desesperación y Alfredo sonríe victorioso al darse cuenta de lo enganchado que lo tiene ya con solo una noche.

--no, no. Tomás sí me gustaba como cualquier chico guapo pero tú eres distinto. Tú me diste mi primer beso.... tú… Soy sólo tuyo y para siempre.

Aunque las palabras de él lo asquean y cuando no lo mira no disimula su desprecio hacia el joven que está enamorando, Alfredo lo acaricia con una falsa dulzura:

--no digas más. Ahora no es el momento.

Alfredo se aparta de él y lo provoca agachándose culo desnudo en pompa y con todo colgando. Le da su traje:

--toma, vas a estar muy guapo.

Mientras se visten, Emilio no le saca los ojos de encima.

–¿te puedo decir una cosa? –Emilio tímido.

--si claro.

--me llamaste cariño

Alfredo hace el que no se dio cuenta.

--¿sí, cuando?

--al entrar y luego mi amor.

--perdón, es que me salió. Siento si te molestó.

Emilio está feliz:

--¡¡no, no¡¡si me gustó... es que nunca nadie me había llamado asi¡¡

Alfredo le acaricia la barbilla dulcemente y le dice:

--acaba de vestirte, cariño.

Alfredo se da la vuelta para poder poner cara de asco. Alfredo mira al torpe chico que se abrocha mal los botones de la camisa.

–pero este bobo –dice para sí –¿De dónde salió? Es que ni de broma puede hacerse cargo de un imperio. Qué desgracia tener un hijo así. A parte de maricón retrasado mental.

Alfredo le ayuda al chico con la camisa a ponerse el nudo de la corbata. Emilio lo mira enamorado. Lo quiere besar pero Alfredo no se regala tan fácil y no se deja.







Alfredo y Tomás salen los dos juntos de la habitación. Tomás se siente muy incómodo, no sabe qué hacer. Emilio ni mira a Tomás. Está sentado una butaca pero para Emilio sólo existe un hombre... Alfredo. Alfredo toma un café rápido. Emilio no quiere nada. Sólo lo mira enamorado.  Alfredo se levanta y Emilio va con él.

--no, no. Aún no salimos, nos quedan unos minutos y yo tengo que hacer un recado, no te quedas solo. Mi hijo te hace compañía. ¿Vosotros os lleváis muy bien, eh?

Tomás se siente incómodo porque no sabe qué actitud tomará Emilio con él y para su sorpresa, Emilio se queda en la puerta suspirando por Alfredo, como si no existiera nada más. Aunque le gusta no deja de extrañarle. También le da pena pensar que si Emilio se está enamorando de su padre de verdad va a sufrir mucho. Emilio está cerca del saco de Alfredo y vibra sintiendo su olor. Tomás sonríe con ternura. aunque le da pena le conmueve el amor que ese muchacho está sintiendo.

--hasta los chicos lo prefieren a él... pero ¿!qué tendrá?¡ --piensa divertido.

su corazón se acelera ya que piensa en Natalia. En su rostro se dibuja una sonrisa enamorada.

--¡ella ... ella me prefería a mi¡¡lo vi, lo vi en mis ojos¡¡Aunque era él quien estaba a su lado yo sé que queria estar conmigo¡



Mientras, Constitución, vestida de luto, se acerca al cuarto en el que está su hija con su madre. Le habla a su hija;

--te he buscado esta ropa. Creo que te caerá bien, después de lo bien que se portó contigo Tomás pues no puedes dejar de ir a darle el pésame.

Natalia sonríe al pensar en Tomás. Ingrid piensa en Alfredo:

--yo también, voy.

--pero mamá... ¿tú a qué vas a ir?

--sí, abuela el médico dijo que descansaras.

--pero es que tampoco me quiere quedar sola y al fin de cuenta es a mi a quien esa gente hicieron el favor.

--pero es que necesitas ropa adecuada, mamá.

--¿y no me puedes buscar algo?

--está bien.

Constitución no imagina que su madre está suspirando por el mismo hombre que ella.






Abrazado de Alfredo, Emilio entra en la capilla ardiente de su padre. Tomás está detrás de ellos. Emilio, en brazos de Alfredo, no piensa en nada más y el resto le da igual. Empieza a llegar gente. Alfredo no se mueve del lado de su presa y es Tomás quien recibe a la gente. Llega su tío Pedro con toda su familia. A Tomás se le ilumina la cara ya que detrás de Constitución está su hija Natalia con Ingrid. Pedro se queda quieto, ni se lleva bien con su hermano ni se llevaba bien con el muerto. No se acerca a su hermano. Constitución e Ingrid sí. Ingrid enseguida se sienta al lado de su primer amor y vibra al tenerlo tan cerca. Constitución se pone de cuclillas para dar el pésame a su amante. Alfredo no le hace caso, tiene la vista clavada en Natalia:

--¿¿Como me gusta esta chica¡¡¡y va a ser mía,  si Tomás la quiere disfruta que bueno pero yo también. Su virginidad  será para mi. Luego que la disfrute él--piensa babeando.

Tomás y Natalia se miran fascinados y a Alfredo le duele no poder interrumpirlos y es que no le conviene nada para sus planes. 

--¿cómo estás? no esperaba verte --le pregunta Tomás.

Natalia sonríe con timidez. Alfredo se da cuenta que se gustan. Y está furioso 

--¡¡es porque yo no puedo ligar, maldito maricón. Como por tu culpa me quiten a ese bombón no voy a tener compasión¡¡ --piensa mirando a Tomás y Natalia.





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